La Butte aux Cailles

Cuando nos vamos a vivir al extranjero, todo es nuevo, todo es genial y no paras de descubrir cosas que te hacen tener una experiencia inolvidable. El problema llega ese día. Normalmente en invierno, hace frío y te apetecería tomarte unas castañas asadas en la plaza de tu pueblo o ciudad natal con tus amigos. Entonces, llamas a tus nuevos/as amigas/os de tu nuevo hábitat para quitarte ese pensamiento que te hace sentir raro. En ese momento no identificas aún qué es porque, hasta hoy, no te has sentido así y, objetivamente, eres muy feliz en tu nuevo sitio. Después sales a la calle, son las 16h y ya es de noche…Qué bajón… pero sigues adelante con tu plan. Vas a la panadería, la panadera (aunque te ve todos los días) no te reconoce, eres una baguette menos…Qué bajón… Encima se pone a llover. Es ahí donde te invade la melancolía y la respuesta más rápida es: “ahora mismo vuelvo a casa y me meto debajo de la mantita y que le den morcillas a todos”.

En nuestra primera época parisina, encontramos una medicina que era ir a pasear al barrio de Montmartre, del que ya hemos hablado en anteriores posts, porque es la manera que tiene París de hacer las paces. Pero llega un momento en el que te hastías de la cantidad de turistas que hay en cada calle porque lo que te pasa es que echas de menos tu lugar de origen y en ese pueblo o ciudad no hay tanta gente un martes por la mañana…

Entonces decides buscarte otro lugar y llegas al Sena, sus orillas presencian cada monumento de París (que si el Louvre, que si el Museo de Orsay, la Conciergerie, Notre Dame de Paris, las islas de la Cité y de Saint Louis,…) y obviamente recobras la confianza en tu decisión. Aun así, con el paso del tiempo, esta solución no es suficiente, no te sientes como en casa.

Y es que, lo que echamos de menos, principalmente, no es la ciudad en sí, echamos de menos las personas, las sensaciones y el recuerdo de un pasado en el que borramos los momentos malos y conservamos sólo los positivos. Pero también la sensación de estar en un lugar donde has vivido durante muchos años y que conoces como la palma de tu mano, un lugar que es acogedor y donde reconoces y te encuentras a tu gente.

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Si lo analizamos, si te pasa a ti, y nos pasa también a nosotros, quizá es que en nuestras ciudades de origen hemos encontrado nuestra madriguera, el sitio donde sentirnos bien cuando estamos un poco tristones, y donde identificamos los mejores momentos. Pues bien, cuando vives el suficiente tiempo en un nuevo lugar, puedes encontrarlo también. En Paname tenemos muchos lugares, pero uno de ellos es la Butte aux Cailles, un barrio con casitas pequeñas, callejuelas iluminadas con bombillas de colores, gente tranquila y una verdadera vida de barrio: plazas, mercados, bares, asociaciones culturales, piscina e incluso una fuente de agua potable. Es pues, uno de nuestros lugares favoritos para salir a cenar, a tomar algo, o, simplemente, pasear observando el street art que ocupa sus calles.

¿Cómo llegamos a este lugar de ensueño que los parisinos que viven en el norte de la ciudad no frecuentan? Su nombre es Chez Gladines y es uno de los restaurantes más baratos (en relación calidad / cantidad / precio) de la ciudad. Este restaurante de especialidades vascas está situado en la calle de los Cinq Diamants nº 30. A modo de taberna vasca, con sus mantelitos a cuadros rojos y blancos, podemos encontrar las ensaladas más grandes de la ciudad. Y cuando decimos ensalada, no nos referimos a 4 hojas de lechuga, sino a patatas paneras caseras, con varios tipos de queso y de lechugas y bacon o tripas o una tosta de queso de cabra y le añadimos un poco de jamón du pays… Esa es la especialidad junto a las tortillas rellenas de setas o de jamón con tomate. Además, también cuentan con chipirones, pollo a la basquiase, confit de pato, un escalope,… Los platos oscilan entre los 7 y los 15€ y, seguramente, con un sólo plato tengas más que suficiente. El servicio es rápido, las/os camareros/as son muy agradables y la comida, como decíamos, buena y abundante. Los grandes “peros“: siempre está lleno, sobre todo por las noches, y hay que hacer cola, no se puede reservar mesa y, para el que le guste los lugares chic, este no es su lugar. A nosotros, que nos encanta comer, nos gusta mucho porque es un restaurante atípico en la ciudad de las Luces.

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Justo en la calle de este restaurante podemos encontrar muchos bares y restaurantes de todo tipo (españoles, tailandeses, franceses,…) y hay uno, que hace esquina entre la calle de los Cinq Diamants y la calle de la Butte aux Cailles que tiene las pintas de cerveza a 4,5€ en happy hour que se llama Le Diamant. Es un bar normal y corriente, pero los cócteles (incuyendo los que no llevan alcohol) están muy buenos y tienen varios tipos de cervezas.

Y, es entonces cuando llegamos a la calle de la Butte aux Cailles (literalmente: la Colina de las Perdices, no porque hubiera perdices en el pasado, si no porque en el s.XVI pertenecía al señor Cailles), la calle que nos hace transportarnos a nuestra ciudad natal, esa calle llena de luces, de gente pasándoselo bien con sus amigos, de bares, de crêperies, de música.

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La primera parada la hacemos en Chez Michel, un bar especializado en ron y cervezas belgas (Karmeliet, Kriek, Kwak, Queue de Charrue, Orval, Faro,…). Nos gusta porque los dos camareros, que son hermanos, son muy divertidos y hospitalarios, el lugar cuenta con bastante sitio para sentarse y abre hasta las 2 de la mañana. Durante la happy hour la pinta (hablamos de “pintas” porque es el baremo que se utiliza en París para saber si un lugar es caro o no) está a 4€ y después a 5€. Lo podéis encontrar en el número 11.

Cuando se empieza a llenar de gente, nos movemos hacia La Taverne de la Butte (justo al lado de Chez Michel) donde con cada consumición, te ponen una tapa. ¿Cómo explicar la sensación de encontrar un bar con tapas gratis en París? No tenemos palabras. Siempre está lleno, tiene más sitio en la parte de arriba y ponen música de todo tipo. Lo que no nos gusta: las pantallas de televisión en la parte de arriba porque no es el típico bar para ver el partido de la noche y el servicio no es muy regular, el jefe no es demasiado amable aunque algunos/as camareros/as (a pesar de tener que soportar al dueño) son simpáticos. Además del tapeo, también se pueden pedir tablas o raciones para comer. Durante la happy hour la pinta está a 3,5€, después a 6€.

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Si se nos acopla un/a amiga/o que no ha venido a cenar con nosotros, podemos hacer una parada rápida en la pequeña crêperie bretona que está justo al lado de La Taverne, antes de ir a nuestro destino siguiente: Le Merle Moqueur (literalmente: el mirlo vacilón, en la calle de la Butte aux Caille nº11). Un bar que, para los madrileños, nos hace pensar al antiguo Garito, al lado de la plaza de San Ildefonso. Un bar poco iluminado, donde vas con tus amigos a pasártelo bien, a conocer otras personas, a escuchar canciones que has escuchado cien veces y donde los baños no son, para nada, recomendados. La cerveza no es la mejor, pero en happy hour la pinta cuesta 3€. Los expertos recomiendan la sangría o un planteur (una especie de ponche típico de las Antillas francesas hecho a base de ron, fruta y azúcar).

Erasmus Paris

Y antes de acabar la noche, podemos pasar por el Sputnik (en la misma calle, en el número 14), un bar donde se puede escuchar rock, donde la decoración es muy chula y donde podemos escuchar un concierto o disfrutar de su gran terraza. Este bar cuenta con camareras/os muy simpáticos/as, buen ambiente, y pintas a 3,5€ durante la happy hour (luego sube a 6€). Cuentan con una gran selección de alcoholes y con cervezas irlandesas y belgas. Este bar nos hace pensar un poco a los pubs ingleses o los bares underground de Berlín, lo recomendamos una y mil veces.

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Y por último, comentaros que el orden de los bares se puede alterar y si queréis comenzar por un restaurante diferente, siempre podéis probar uno con especialidades de la región del Aveyron (en el sur de Francia). En la Butte Aveyronnaise el aligot con salchicha es la especialidad y, creedme, si os gusta el queso y la salchichas de tipo chipolata, éste es vuestro restaurante. Lo encontraréis en la calle de la Butte aux Cailles nº12, justo al lado del Sputnik.

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