Le bois de Vincennes

Situado al oeste de Paname, el bois de Vincennes (literamente, el bosque de Vincennes) es la zona verde más grande de la capital francesa. Este bosque, conocido por los parisinos, aunque explorado sólo por algunos, guarda en sí, y a su alrededor, maravillas naturales y artificiales que no deben pasarse por alto.

Casi todo habitante de París cree que el Bois de Boulogne (situado al este) es el parque más grande de la ciudad, aunque por algunos metros no es así. Cierto es que el Bois de Boulogne, al encontrarse al lado de un barrio “rico” (el XVIe arrondisement), contar con carreras de caballos relatadas por Hemingway en sus libros, y con festivales como el Solidays o We Love Green, es mucho más famoso. Aún así, hoy hablaremos del de Vincennes por haberse convertido en mi refugio cuando la contaminación, los coches o el malhumor de mis vecinos me acechan.

Lo más práctico para descubrir este bosque es el metro ya que, gracias a la línea 8, puedes acceder rápidamente a una de las primeras puntas – La Porte Dorée. Esta estación de metro te lleva de lleno a uno de los lagos que se encuentran en el bosque: Le Lac Dausmenil. El tranvía 3a, el que tiene color naranja, también nos deja en la misma estación, así como diversos autobuses. A pie es muy accesible, hay un paseo precioso, del que hablaremos en otra ocasión, que conecta la plaza de la Bastille con el Lac Dausmenil caminando sólo por zonas verdes.

En esta entrada al bosque, se encuentra también el Museo de la Historia de la Inmigración, así como varias tiendecitas donde comprar algo de comida para hacer un piquenique (los parisinos adoran hacer piqueniques en primavera y verano, cualquier excusa es buena para tomar un trozo de queso y brindar con una copita de vino, ¿no?).

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Nada más entrar, nos topamos con el lago que es navegable gracias a unas barquitas que te permiten visitar las islas que se encuentran en medio del mismo – L’île de Reuilly y l’Île de Bercy, además de poder hacer algo de deporte. Las tarifas son bastante abordables y cada año cambian, pero si mal no recuerdo creo que cada ocupante de una barca para 4 pagaba 4 euros por media hora. A los que no les guste el deporte de riesgo ;^), pueden pasear alrededor del lago y descubrir las islas gracias a unos puentecitos que les dan acceso. Al bordear el lago, no pasarán desapercibidas tanto la flora del parque, como las personas que juegan a las carreras de barquitos teledirigidos. Asimismo, podemos descubrir el templo budista – La Pagode de Vincenne – construido en los antiguos pabellones de Camerún y Togo de la Exposición Colonial que tuvo lugar en 1931. En el interior hay un centro budista tibetano – Kagyu-Dzong.

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En las dos islas podemos pasear, descubrir unas grutas pequeñitas, algunas esculturas, un kiosko romático e incluso tomar un café. Es un lugar muy agradable cuando el parque se llena de gente en verano, porque está menos masificado y se oye menos el alboroto.

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Alejándonos un poquito del lago, adentrarnos de lleno en el bosque. Es curioso poder pasar, en cuestión de minutos, del bullicio de una urbe tan ruidosa como es París, a la naturaleza total: árboles, arroyos, cesped, mata,… De repente, no se oyen ni los coches, ni la gente,… sólo el ruido del viento en las ojas de los árboles, o algún perro que ha ido a buscar un palo. Es aquí donde me refugio cuando no tengo tiempo de salir de París. Puedes caminar siguiendo las señales de GR que se encuentran en los árboles (las marquitas roja y blanca o roja y amarilla que se encuentran en piedras, árboles e incluso monumentos para marcar un gran recorrido o un pequeño recorrido), o puedes decidir perderte. ¡No hay que asustarse! El bosque mide tan sólo 9,95 km2, si andas siempre en línea recta te encontrarás con alguna de las 8 comunas que la delimitan.

Hablando de las comunas, una de las más importantes es Vincennes, con su gran castillo capitaneando el Bois. Visita recomendada al castillo y, para aquellos que les guste correr, una vez al año tiene lugar el semi-maratón de Vincennes a finales de octubre que termina en la esplanada del castillo.

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Cerca de otra de las comunas, Nogent-sur-Marne, nos encontramos con el jardín tropical, un jardín que sirvió para aclimatar a las plantas que venían del trópico a la meteorología francesa. Es una delicia pasear por el mismo y, si tienes suerte, puedes toparte con una visita guiada para conocer todas las particulariedades.

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Además, el jardín cuenta con el parque floral, que está justo al lado de un terreno inmenso de hierba donde podemos ir a jugar diferentes deportes. También hay otros lagos: el Lac Gravelle, el Lac Saint-Mandé y el Lac de Minimes, todos alimentados con agua del Sena. A parte, está el hipódromo de Vincennes y el parque zoológico (que se ha reabierto hace poquito después de haber pasado 7 años en desuso porque había quedado un tanto vetusto). En el 2014 reabrió como complemento a la animalería del Jardín de Plantas de París, llevando a algunos animales al zoo al estar mejor condicionado para ellos. El zoológico original fue inaugurado en 1934, pero no os puedo contar más porque, por principios, no lo conozco.

Aún así, os dejo por hoy con una canción que habla del aquí conocido Zoo De Vincennes – Les Otaries de Arne Vinzon.

Les otaries

2 comentarios en “Le bois de Vincennes

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